En algunas marguines de la huertas del Bajo Gállego se encuentran todavía auténticos tesoros de la naturaleza. Uno de ellos son los artos, que nos regalan casi todos los años sus frutos, menudos, de sabor aspro, azulados, que los más mayores llamaban manzanicas de arto.

Puestas a macerar unos meses en un buen anisado, estas manzanicas de arto, van impregnando el anís de sus aromas y de su hermoso color, a la vez que se va transformando en un nuevo licor, de propiedades digestivas, que acompaña de maravilla las charradas de las sobremesas, si se degusta con moderación. Es el mismo licor que en el Pirineo se conoce como licor de arañones y en otras tierras vecinas como pacharán y licor de endrinas.

Miguel Gargallo (Villamayor de Gállego)