Acabo de sembrar otra “lebada” de “espinai”. Mejor hacerlo en veces, en varias “lebadas”, pues si siembras mucho de golpe, enseguida se sube y espiga.

Lo hago a la manera que lo veía hacer a mi padre y a otros hortelanos. Hay que hacerlo con buen tempero, que la simiente caiga bien repartida por toda la “lebada”, a voleo.

A continuación, se rastrilla para que se entremezclen las simientes con la tierra y por último le echo una capa delgada de buena tierra fiemo. Y a esperar que nazca, que lo hace en pocos días. Enseguida se le ve como una carda, bien verde.

Luego vendrán las tortillas de espinai o el espinai cocido, refrito con ajos y con patatas fritas a dados o mezclado con garbanzos cocidos. Ahora lo disfrutamos también comiéndolo en crudo, cuando sus hojas son aún tiernas, en ensalada, o simplemente cocinado en un wok, con un poco de aceite, en el que se sofríen unos dientes de ajos chafados, un poco de vino blanco, sal y al momento puede comerse, combina muy bien con unas pasas, nueces o arándanos.

¡Qué cosas! En tiempos, al “espinai”, a esta verdura, los de cierta edad solo la asociábamos a Popeye, comiéndosela directamente de una lata de conserva, para hacerse fuerte como el hierro y enfrentarse a todos los peligros en defensa de su amada Olivia.

Miguel Ángel Gargallo Lozano (Villamayor de Gállego)