Durante las primeras décadas del siglo XX el cultivo de la remolacha azucarera llegó a adquirir el carácter de monocultivo en todas aquellas zonas aragonesas de huerta situadas cerca de -o bien comunicadas con- una de las fábricas azucareras que se construyeron en Aragón: Alagón, Calatayud, Calatorao, Épila, La Puebla de Híjar, Luceni, Monzón, Santa Eulalia, Terrer y, sobre todo, Zaragoza.

En Zaragoza, el cultivo a gran escala de esta planta partió de la Granja Agrícola de Zaragoza a través del empeño de los ingenieros agrónomos Manuel Rodríguez y Julio Otero quienes pusieron en marcha La Azucarera de Aragón en el año 1893, después de haber visitado los principales centros fabriles del extranjero. La importancia que tuvo este cultivo en la huerta y en el conjunto de la ciudad fue muy fuerte y excedió a lo exclusivamente agrícola puesto que impulsó la industrialización, inauguró la financiarización de la actividad agrícola, y favoreció la constitución de un moderno sector financiero autóctono.

Pero para los jornaleros y pequeños propietarios que cultivaban la remolacha, su duro trabajo diario quedaba un poco lejos de semejantes adelantos económicos. Después de arrancar la remolacha era necesaria recogerla con las manos e irlas dejando en montones. Esto se hacía cada día calculando lo que se podría limpiar en esa jornada puesto que la siguiente faena, realizada exclusivamente por mujeres a jornal y en condiciones realmente penosas, era la que conocía como escoronar. Este era el nombre que recibía la tarea de quitarle las hojas a la remolacha recogida, dándole unos golpes con una especie de machete, y echando los restos a un montón. Desde los montones resultantes, la remolacha escoronada se cargaba en carros y volquetes y se trasportaba a alguna de las fábricas azucareras de Zaragoza.

Dos hermanas hortelanas recuerdan bien en qué consistía esta faena:

Pa escoronar llevábamos un saco de sisal con paja y nos arrodillábamos y nos poníamos el saco por encima y a escoronar encima la pierna, a quitarles la corona con una cuchilla. La remolacha. Los hombres iban delante rancando los palos cuando se hacía gorda, y otros iban recogiéndola a montones o a veces nos tocaba a las mujeres. Hacían dos montones y entonces echábamos la remolacha al centro y con las galeras la iban cargando y la llevaban a la azucarera que había en el Gállego. Lo que quedaba era pa las vacas, las coronas, y pa las ovejas que entraban al campo a comérselo. Montañana, año 2014. Dos mujeres n. 1934 y 1940

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